Hoy le dije a un amigo: Te advierto que te quiero.
Y es obvio que no puede ser otra cosa más que una advertencia. Tener el cariño de alguien es una responsabilidad enorme, un arma de doble filo. Puede que (ojalá Ahura Mazda no lo permita), en cualquier momento, ese sentimiento muera.
Y todo lo que muere se pudre.
Ya saben a quién me refiero.
Constanza.

































